Nora Aslán: «Yo no invento nada, saco fotos de lo que hay»

«Yo no invento nada, saco fotos de lo que hay»

El mundo de Nora Aslán es inquietante porque abre preguntas que invitan a la reflexión. Su estudio es una gran nave con techos altos y amplias ventanas por las que entra una luz inclinada. De lejos, su obra presenta una armonía geométrica donde el caos está ordenado y nada parece estar fuera de lugar. Pero cuando uno se acerca y la violencia contenida empieza a definirse, cierto horror se inocula y permea a quien mira. Y, aunque se tome distancia, lo que el espectador ha visto ya no puede olvidarse.

Quién es Nora Aslán

De niña, como era hija única, armaba túneles con sillas y telas en el jardín. Les cocinaba a sus muñecas y, cuando las hermanas mayores de su mejor amiga salían de casa, las dos se probaban su ropa y sus zapatos de tacón frente a un gran espejo.

Esa frescura lúdica de la infancia sigue hoy vigente en su obra llena de formas y colores. Su lenguaje da a ver con una sintaxis irónica y a veces cruda. Valora en los demás la humildad, la generosidad y la capacidad de disfrute. No soporta la mentira, la crueldad y la soberbia. En sus ratos libres prefiere leer ensayos antes que escuchar música.

Es la autora de las perspectivas, porque la mirada nunca escapa a su obra. Su estudio es su segundo hogar y también un refugio para conectarse consigo misma y con el mundo. Allí la acompañan los testigos, como ella llama a sus alter egos, que unas veces miran y otras no, pero que siempre hacen un juicio mudo sobre lo que ocurre.

Sus comienzos fueron en el textil y de ahí experimentó con otros formatos: escultura, instalaciones y pintura. Sin duda, ella es la suma de muchas cosas, pero sobre todo es una mujer perspicaz y enérgica que se confiesa amante de la vida.

Nora Aslán con su lámina de arte en el packaging de Iskin Sisters
Nora Aslán con su lámina de arte en el packaging de Iskin Sisters.

La entrevista

Háblame de tu taller.

Es mi segundo hogar. Antes estaba cerca de mi casa, pero mi marido y yo nos mudamos al centro y ahora está a cuarenta y cinco minutos. El espacio de afuera lo convertí en un pequeño jardín, le puse una pérgola para pasar los días de verano. Lo llamamos la estancia porque él me regaló una vaca de tamaño real de una promoción. En la parte de arriba está el depósito de obra libre y algo de lo que queda de las exposiciones.

En una de las paredes se apoya un mueble con las puertas de cristal lleno de objetos. ¿Qué hay dentro?

Es mi gabinete de maravillas. Aquí tengo restos de otros trabajos, cosas que he encontrado por la calle, cosas que me regalan. A veces uso algunos objetos para hacer obras y a veces no.

¿Qué rasgos te caracterizan?

Creo que la vitalidad, el sentido del humor y el tesón.

¿Cómo fueron tus inicios?

Trabajé varios años en el textil y me fue muy bien. En ese tiempo empezaron los sucesos graves de la política, las persecuciones y demás. Entonces el textil no terminaba de darme la intensidad que yo quería mostrar. Primero lo fui forzando, usando fieltro sintético, quemándolo, pintándolo con aerógrafo. Luego usé ramas para tejer cestos de materiales naturales, hasta que un día dije: «bueno, basta, haré otra cosa».

¿Qué temas abordabas?

Hambrunas, desplazamientos, pueblos que emigraban. Encontraba las imágenes en revistas como LIFE. Empecé a comprarlas y a coleccionar fotos, cortarlas, hacer carpetas. En ese momento descubrí que con la fotocopiadora a color se podía imprimir en espejo, y de esa idea salió la serie «Alfombras».

Cuéntame más de esa serie.

Me compré libros de alfombras persas para estudiarlas. La estructura era un borde y una zona central. Mi obra, de lejos, se veía como esas alfombras, pero cuando te acercabas todo lo que parecía un arabesco eran recortes de gente a la que le pasaba algo, una multitud que sufría en grupo. Toda esa gente se volvía una textura que se podía pisar. Después, si mirabas de nuevo de lejos, ya no se podía volver a la imagen bonita y geométrica de antes. Ahí aparecieron los testigos.

¿Testigos?

Son los que miran y no tienen habla, pero hacen un juicio mudo de lo que pasa. En realidad, los testigos son mis alter egos en forma de estatua, animales, mantis religiosas, entre otros. La idea es dar a ver, mostrar con otro lenguaje.

¿De dónde salen?

En un curso de literatura al que asistí, el profesor hablaba de Primo Levi cuando estuvo preso durante el Holocausto. Decía que había algunos judíos que caminaban encorvados mirando al suelo, sin levantar la cabeza para no ver nada, dejándose morir. Otros estaban convencidos de que tenían que luchar para salir vivos de eso y dar cuenta, porque el mundo no sabía lo que estaba ocurriendo allí. A esos los llamaban testigos: a los que no decían nada, pero miraban. Eso era lo que yo estaba tratando de decir, pero de otra forma. Me impresionó tanto que desde entonces lo usé en casi todas mis obras.

Nora Aslán, Sin título — detalle Nora Aslán, Sin título — detalle Nora Aslán, Los pequeños vidrios — detalle
Detalles de Sin título y Los pequeños vidrios.

¿Qué rasgos de los otros no soportas?

La crueldad, la mentira y la soberbia.

¿Y cuáles valoras?

La capacidad de disfrute, la generosidad y el entusiasmo.

¿Dónde buscas la inspiración?

Yo no invento nada, saco fotos de lo que hay. Armo una especie de sintaxis siempre diferente.

¿A qué mujer, viva o muerta, admiras?

No he logrado reemplazar mi admiración por la guionista Agnès Varda.

¿Qué temes?

La enfermedad, la maldad y la violencia.

En el proceso creativo, ¿qué viene primero: la forma o el contenido?

Cada etapa estuvo determinada por un formato, pero la idea fue siempre el desencadenante. Luego, la búsqueda de la forma que mejor pueda acompañar esa idea. Algunas veces las circunstancias externas también determinan el formato, y esa es una instancia interesante.

¿Qué pequeños placeres disfrutas?

Dedicar mi tiempo a crear es un privilegio. Hacerlo tanto en soledad como encontrarme con mis afectos. También los viajes a lugares cercanos o remotos forman parte de esa lista.

¿Cómo has vivido la pandemia?

Al principio no podía ir al taller porque quedaba lejos, entonces empecé a hacer la serie del «No» en Instagram. Era una recopilación de cosas fuertes que incluían la palabra «no» y que tenían que ver con el encierro, la angustia, la incertidumbre, pero sin ser directo ni panfletario, sino algo diagonal. Además, tengo una hija con discapacidad cognitiva leve que es artista y le estoy haciendo de coach: le estoy montando la página web.

¿Cuál es tu estado vital actual?

Es un momento grave para la humanidad.

¿Dónde te gustaría vivir?

Desearía estar en algún lugar donde deseos y planes no sean como semillas que caen en terrenos áridos sin sistemas de riego.

¿Qué cosas pendientes te gustaría hacer?

Todo lo que siento que me falta por hacer es el motor de la acción. Bromeo siempre con planes de reencarnación, eligiendo facetas para las próximas que, por cierto, voy cambiando cada tanto sin poner límites, porque siempre aparece algo nuevo.

¿En qué estás trabajando ahora?

Lo último que hice muestra un lugar de incertidumbre lleno de plásticos que vuelan, descartados en el suelo, y pájaros disecados yendo a otros lugares, emigrando.

Nora Aslán, Paraíso
Nora Aslán, Paraíso.

Nora en su estudio


Nora Aslán forma parte de Unidas por el Arte, el programa con el que Iskin Sisters invita a artistas contemporáneas a crear las láminas que acompañan cada pieza en su packaging.

Para conocer más sobre su trabajo: noraaslan.com · @noralaslan

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