Mónica Inés Fierro: «La danza clásica ha sido mi primer amor y el eje de toda mi vida»

«La danza clásica ha sido mi primer amor y el eje de toda mi vida»

Mónica Inés Fierro

Mónica es un libro abierto, igual que las obras que interviene y a las que da volumen con flores y mujeres. Es vital y tenaz pero, sobre todo, es una artista que transmite agradecimiento por dedicarse a lo que más le gusta y por mostrar sus creaciones como otra forma de comunicarse con el mundo.

Quién es Mónica Inés Fierro

Para Mónica la danza es el eje de su vida; sin ella, dice, no sería la artista plástica que es hoy. Siente que además del talento son esenciales la disciplina y el equilibrio a la hora de imaginar nuevos mundos, y esa herencia le viene, sin duda, del baile.

Por las mañanas le gusta salir a caminar, y en esos paseos se va llenando de ideas en las que trabaja después mientras escucha a Brahms y, si es jazz, a Tony Bennett.

Valora en los demás el sentido del humor y la honestidad. De pequeña le gustaba disfrazarse con ropa que ella misma confeccionaba: ya entonces era una niña audaz, sin miedo a mostrar su producción a los demás. Y no solo ha logrado enseñarla, sino que en cada colección pone el cuerpo entero.

Disfruta usando las manos para trabajar: son la herramienta fina con la que mejor se expresa. Usa el papel como si fuera tela, lo pliega, lo borda, da puntadas con hilo y aguja para intervenir los libros. Suele crear sin una idea concreta, y justamente eso es lo que le parece más rico: no saber hacia dónde se dirige y dejarse llevar por la melodía que le marca su intuición.

Mónica Inés Fierro con su lámina de arte, una de las incluidas en cada pack de collares de Iskin Sisters
Mónica Fierro con su lámina de arte en el packaging de Iskin Sisters.

La entrevista

Naciste en Córdoba…

Sí, pero me vine a Buenos Aires a los diecisiete porque empecé a estudiar ballet en el Teatro Colón, y después seguí con Olga Ferri y Wasil Tupin.

¿Qué significa para ti la danza? ¿Cómo ha influido en tu obra?

La danza clásica ha sido mi primer amor y el eje de toda mi vida. Creo que gracias a ella me he convertido en la artista que soy hoy, porque además de talento se necesita disciplina y perseverancia. En mis obras siempre busco el equilibrio; luego puede interesarte o no lo que ves, pero lo importante para mí es que no moleste al ojo. Eso ha marcado de una manera muy particular mi obra.

¿Cuáles son tus referentes en el baile?

Sigo a Marianela Núñez como la gran figura de Argentina, aunque está en Londres. A Paloma Herrera también. Luego a bailarines que me interesan por su calidad interpretativa, más allá de la técnica: si no hay pasión…

¿Por qué elegiste el papel para dar forma a tu obra?

Lo uso como si fuera una tela. Todo empezó porque me mudé con mi marido y mis hijos a Holanda y después a Inglaterra. Quería mejorar el inglés y compré literatura ligera, pero cuando volvimos a Argentina tenía una cantidad de libros y pensé: «¿qué hago con ellos?». Como yo venía del textil, hacía mucho tiempo que bordaba, confeccionaba ropa para mí y mis amigas, entonces lo del bordado a mano me pareció interesante junto con los pliegues que empecé a hacerles a los libros. Así fue como empezó todo y como mis libros intervenidos se convirtieron en escenarios donde ocurren historias.

Mónica Inés Fierro, Ellos la esperan — libro bordado y plegado Mónica Inés Fierro, Las chicas andan solas y se divierten Mónica Inés Fierro, Palabras persistentes
Libros plegados, bordados y habitados por mujeres, pájaros y flores.

¿Qué mensaje te gustaría dejar a la gente?

Yo no empecé en esto de muy chica, sino hace unos quince años. A veces las cosas pasan así, no surgen de la misma forma para todos, pero cuando llegan —en mi caso el arte— vienen a llenarte. Me gustaría que la gente no piense «soy mayor para hacer esto o lo otro», sino que recuerde que no importa la edad, aunque el contexto, lamentablemente, a veces no ayude.

¿Qué temas sociales te preocupan?

Creo que mucha gente, muchas mujeres, podrían hacer cosas, desarrollarse y tener oportunidades de estudiar, de progresar. La cuestión de la educación es vital para esto, y siento que aquí lo que avanzamos luego lo retrocedemos: las condiciones son complejas.

¿Cuál fue el momento en el que decidiste dedicarte a esto de lleno?

Cuando me presenté a la Bienal del Museo Eduardo Sívori en 2009. Es un premio de arte textil a nivel nacional. Era la primera vez que me presentaba y terminé ganando el Primer Premio Adquisición, que consiste, más allá del honor, en una pensión vitalicia. Es muy bueno que desde el Estado reconozcan nuestro trabajo, y da la oportunidad de seguir con ello.

¿De qué están hechos tus libros?

Hilo, aguja, y después les incorporo personajes. Mujeres entre pájaros y flores, pero mujeres fuertes, divertidas, que andan solas si tienen que hacerlo. ¡Que no le temen a casi nada! También llega el momento en que ya desaparece el libro como tal y comienzo a enrollar tiras: ahí ya hay otras historias que contar.

¿A qué mujeres, vivas o muertas, admiras?

A una gran bailarina inglesa, Margot Fonteyn, porque seguía más allá de la edad; llegó a bailar con Rudolf Nureyev cuando él era muy joven. También a una tía mía tucumana, gran artista en los sesenta, la Beba Fierro. Otra tía, la tía Mari, fue una gran bordadora. Mi abuela, por parte de madre, me enseñó a tejer, era muy exquisita en sus diseños. Luego mis padres, también, por la libertad que nos dieron a mí y a mis hermanos para dejarnos asistir a talleres de lo que se nos ocurriera. Y a la artista textil Tana Sachs, que fue una de las pioneras en Argentina y un gran ejemplo para mí. Otra artista que admiro es Simone Pheulpin, francesa, que trabaja con telas de descarte.

¿Qué te define como mujer?

Creo que ese poder de crear sin tapujos, esa libertad de la que hablábamos.

¿A qué jugabas de niña?

Me encantaba disfrazarme con ropa que me hacía yo y bailaba con ella. En el colegio participaba en teatro, danza, concursos de artes plásticas, coro… Hasta me dieron un premio de la revista Billiken por un dibujo que había coloreado. En los veranos, con mi prima, íbamos a nadar a un club; a ella le gustaba mucho leer y yo tejía, bordaba. Era lindo estar juntas, cada una haciendo lo que le gustaba.

¿Qué imaginabas que serías de mayor?

Soñaba con mostrar mi producción, de lo que fuera. Los muñecos que hacía de chica y luego vendía me hacían pensar: «cuando sea grande los voy a vender en otros lugares». Quería tener mi casa de ropa hecha a mano, con telas encontradas, tejidos a mano. La decoración de casas también me fascinaba: buscar detalles para que se convirtieran en hogar.

¿Qué llega primero en el proceso creativo, el contenido o la forma?

Soy intuitiva, juego mucho. Empiezo a recortar, a plegar. Me gusta mucho salir a caminar y, cuando llevo un rato, se me ocurren cosas. Luego las pruebo, y eso es lo más rico del proceso: que no sé qué va a pasar después. En pandemia, por ejemplo, hice una serie de collages en blanco y negro. No es que lo pensara, sino que estaba triste y esa era la forma de mostrar mi angustia. Y terminó saliendo esa serie un tanto surrealista y con mucho humor también.

¿Cómo has vivido este tiempo extraño?

Mi taller está en casa, eso fue muy bueno. Es un cuarto con mucha luz y me hizo tan bien meterme en mi lugar y darle una vuelta de tuerca a lo que nos estaba pasando.

¿Cuál es tu rutina de trabajo?

Cuando mi hija se levanta conversamos un rato, a veces compramos pain au chocolat, y luego por la tarde sigo trabajando. Me gusta mucho lo social, me junto con gente y después trabajo en el estudio. Puedo estar tres horas en que parece que no hago nada y, de pronto, comienzo a hacer eso que venía maquinándose en la cabeza.

¿Qué te caracteriza como persona y artista?

La alegría constante. No significa que esté feliz todo el tiempo, sino más bien es una cuestión de agradecer lo que me pasa. Entonces, ¿cómo no compartir? Mostrar mi trabajo sin tener miedo. A veces, cuando tengo algún intríngulis con la obra, la pongo en el salón o la cocina, en algún lado visible, para que mi familia la vea y me diga qué le parece.

¿Cuáles son los placeres de tu día a día?

Lo primero, escuchar música. Me levanto y preparo un té con la vajilla que traje de Inglaterra. Me siento y leo. Ahora mismo estoy con unos cuentos cortos de Mariana Enríquez. Luego empiezo a recortar, reviso trabajos que he venido haciendo…

¿Qué música escuchas?

De clásica, muy variada, y de jazz me gusta mucho Tony Bennett como intérprete. ¡Es un genio! Mi hijo mayor es músico de jazz y cuando viene a casa a almorzar toca; a veces lo acompaña su hermano, que también toca el piano.

¿Cuánto tardas en producir una obra?

El proceso completo lleva tiempo, pero con lo último de los mapas es bastante más rápido: en unas dos semanas puedo terminar. Otras obras más pequeñas, donde hay que ir armando pieza a pieza, son bastante trabajo y ahí lleva más tiempo. También me ha ocurrido con alguna serie que la dejo unos días en el cajón y después la retomo.

¿En qué país te gustaría vivir?

Con mi marido vivimos en Inglaterra, en la zona de Surrey. Lo pasamos estupendo y, además, los ingleses son muy divertidos. Pero antes habíamos vivido en Holanda, en La Haya. Lo que me gusta de ahí es que es una sociedad más igualitaria, hay diversidad, todos conviven de una manera pacífica. Me gustaría que en Argentina hubiera un poco de esto.

¿Qué otra profesión te habría gustado ejercer?

Durante años estuve haciendo decoración, y todo lo que ponía estaba hecho con mis manos. No es que lo comprara, sino que hacía floreros, candelabros. No te imaginas la ecuación de lo que ganaba, pero no me importaba. Me entretuve y aprendí mucho también.

¿Algo pendiente por hacer?

Me hubiera gustado tener más voluntad para terminar una carrera. Empecé periodismo y no la acabé. Aprender francés, quizás.

¿Qué cualidades valoras en los demás?

Agradecer a la vida y ser consciente de ello. Después, el buen humor y la decencia de las personas me parecen rasgos fundamentales.

¿Y cuáles detestas?

Cuando la gente se duerme en los laureles. Y que no sonría: una sonrisa es algo hermoso, y si te ven sonreír, aunque sea por ese instante, la vida te sonríe también.

¿En qué estás trabajando ahora?

Recortes de mapas antiguos, los he ido cortando en triángulos. Este proyecto tiene más color que lo anterior, que hice en 2020. Y sigo con mis ensamblajes: estos rollitos de recortes de libros que se van uniendo y formando unas especies de corales infinitos.

Mónica Inés Fierro — mapas antiguos recortados en triángulos Mónica Inés Fierro, A través del cerco
La serie de los mapas, y A través del cerco.
Mónica Inés Fierro — la obra elegida para la lámina de arte de Iskin Sisters
La obra elegida para la lámina de arte de Iskin Sisters.

Mónica en su taller


Mónica Inés Fierro forma parte de Unidas por el Arte, el programa con el que Iskin Sisters invita a artistas contemporáneas a crear las láminas que acompañan cada pieza en su packaging.

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